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Nutrición básica

La dieta equilibrada... ¿cómo es?

 
Hortalizas y verduras Huevos Cereales y derivados
Una dieta debe estar aceptada científicamente como óptima.


La obesidad que afecta a países industrializados, produce un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, hiperlipemias -altos niveles de colesterol, triglicéridos o ambos-, litiasis renal, hipertensión, cáncer…
La obesidad es consecuencia en la inmensa mayoría de los casos de un balance positivo entre ingesta y gasto, es decir, de comer más energía de la que se necesita. Además, es frecuente que el total de esa energía ingerida, esté mñas distribuida entre los nutrientes, ingiriéndose más grasas de las necesarias, que por tanto se acumulan causando obesidad.

Por ello, cualquier programa de pérdida de peso debe incluír una disminución en la ingesta y un aumento del gasto energético por medio del ejercicio. Además es imprescindible una redistribución de los nutrientes ingeridos, es decir, comer los nutrientes esenciales en su adecuada proporción.

La presión social puede presionarnos a adelgazar “por obligación”.
Por ello la pérdida de peso ha dejado de ser una tarea exclusiva de obesos, y cada vez más, se “apuntan” a esta tarea otras personas que no lo necesitan. Esta aventura, puede desembocar en graves problemas para la salud en personas con peso normal y peso bajo.
Esta especie de obsesión, ha desembocado en una enorme proliferación de dietas, remedios adelgazantes, productos y otras “pócimas”.
Durante los meses de primavera, las revistas se llenan de publicidad y artículos sobre adelgazamiento. Aunque ahora no es momento de criticar a estas revistas, desde luego lo haremos en otro momento.

REQUISITOS DE UNA DIETA EQUILIBRADA
El estado actual de la ciencia nos indica que una dieta de adelgazamiento ha de ser mediante una disminución de la ingesta -disminución del valor calórico- en relación al gasto. Para ello además han de cumplirse una serie de requisitos:

  1. El menor aporte calórico ha de ir acompañado de un aumento en la densidad de nutrientes, es decir, que la reducción de calorías no suponga una disminución de nutrientes, lo que originaría carencias.
  2. Que esté programada y de acuerdo con los hábitos alimentarios y horarios del individuo.
  3. Que no produzca rechazo.
  4. Que la planificación se realice con el previo conocimiento de la ingesta calórica actual del individuo, ya que de no hacerlo podríamos errar al programar una dieta con mayor contenido calórico del que se venía consumiendo.
  5. Que se haga progresivamente, hasta alcanzar un peso adecuado y mantenerlo. Por tanto serán de mayor intensidad en períodos de pérdida de peso, ya que una vez obtenido el peso adecuado, puede ser menos estricta en la fase de mantenimiento.
  6. Que se produzca un adecuado reparto de los maconutrientes: hidratos de carbono, proteínas y grasas.

Este último es un punto importante, pues es posible ingerir una cantidad de energía determinada con distintos porcentajes de ingesta de estos nutrientes. Y no es lo mismo ingerir el 100% de la energía en grasas que en proteínas, así como las diferentes e infinitas combinaciones posibles.

También es importante no saltarse ninguna comida, y hacer al menos 4 tomas -ó 5 si son de menor cantidad-. Asegurando la ingesta de alimentos regular conseguimos que el organismo se encuentre permanentemente con un aporte de nutrientes adecuado, sin producirse picos exagerados de energía y apetito. Mucha gente, al acudir a un Nutricionista, decide por su propia cuenta saltarse alguna toma, pensando que será mejor comer menos todavía de lo propuesto. Esto constituye un error muy grave, pues además de no ser correcto, impide un adecuado seguimiento de la ingesta por parte del Nutricionista. Cuando nos saltamos una comida, normalmente ingerimos más en la siguiente de lo que deberíamos, por lo que al final su efecto es contrario al que buscábamos y por tanto indeseable.

También es importante recordar que a fecha de hoy, en el año 2008, no existe ningún suplemento alimenticio, crema, pastilla, etc, que haya demostrado su efecto antiadelgazante o quemagrasasa, y son todavía necesarios muchísimos estudios para que la comunidad científica acuerde utilizar ninguno de ellos de forma eficaz y segura. Las hierbas naturales, también muy utilizadas, producen en muchos casos pérdidas de agua y electrolitos de una forma forzada y que nuestro organismo necesita para su adecuado funcionamiento, por lo que una vez se dejan estas hierbas, el cuerpo vuelve a su estado normal y se recupera parte del peso. Pueden ser potentes diuréticos, vomitivs, sedantes, etc. El argumento esgrimido de "ser natural", no deja de ser por otro lado absurdo: existen innumerables plantas -incluso de jardín- cuya composición resulta tóxica y venenosa. También es importante tener en cuenta que dosis determinadas de una planta pueden tener un efecto beneficioso, mientras que dosis mayores pueden tener efectos indeseables y/o perjudiciales. Así, la manzanilla puede ayudar en una digestión pesada, pero también inducir al vómito si se toma en mayor concentración y/o cantidad de lo adecuado. Por otro lado, resulta muy difícil asegurar el contenido en principios activos de las plantas comercializadas, dependiendo no sólo de la planta, sino también de la época del año en que se ha recogido, el suelo, el clima, sus condiciones de envasado y almacenamiento, etc.

Hoy por hoy, la única forma sensata para perder peso sin poner nuestra salud en jaque, es una dieta que produzca un balance energético negativo, mediante bien el uso de una dieta hipocalórica, o lo que es mejor, una dieta hipocalórica combinada con ejercicio físico moderado, lo que permitirá un descenso de peso y un mantenimiento adecuado. Además, es imprescindible la educación nutricional. De nada sirve una dieta si una vez alcanzado el peso adecuado no se sabe cómo mantenerlo. Por ello, el Nutricionista debe enseñar a comer mejor, y él te podrá indicar cómo hacerlo progresivamente en cada visita, de forma que una vez hayas alcanzado tu peso, podrás mantenerte apenas sin ayuda.

Además, no debemos olvidar en este tipo de pseudodietas, el efecto psicológico de la misma, ya que en ocasiones actúa simplemente como un placebo. De hecho, algunas dietas se basan en este principio para lograr el adelgazamiento. Por ejemplo, en las dietas que sólo utilizan un alimento, se puede disminuir la ingesta fácilmente por monotonía, lo que a pesar de producir un descenso en el consumo de calorías, produciría también desequilibrios y/o déficits nutricionales serios dando lugar a enfermedades o patologías.
Es éste el aspecto que vamos a tratar en esta compilación de dietas absurdas -si se nos permite- Otro aspecto que nunca contempla este tipo de dietas “absurdas” -si se nos permite de nuevo- es la educación nutricional a posteriori. Es decir: He bajado 4 Kg usando esta dieta (que es desequilibrada). ¿Y ahora que hago? ¿Cómo me mantengo?
Lo que ocurre entonces es sencillo: El individuo vuelve a comer como comía, vuelve a engordar el peso perdido y vuelve a engancharse a otra dieta absurda.

RESUMIENDO:
Una dieta adecuada ha de ser:

  • Equilibrada en nutrientes y energía
  • Personalizada al individuo -ingesta, horarios, gustos…-
  • Combinada a ser posible con ejercicio moderado
  • Debe educar en aspectos de nutrición -educación nutricional-
  • En algunos casos, puede requerir de apoyo psicológico
  • Debe incluir todos los grupos de alimentos, sin restricción alguna
  • Debe ser progresiva
  • Ha de ser variada
  • Por supuesto, debe requerir el deseo del paciente, su implicación y fuerza de voluntad

Otra cosa que resulta cuando menos graciosa es que la mayoría de los libros escritos sobre dietas, lo son por personas profanas en el campo de la nutrición: hombres de negocios, cantantes, actrices, artistas, famosos y otros “famosoides” y “neofamosos” que cuentan en sus explicaciones con teorías y explicaciones incorrectas y/o falsas sobre la asimilación, digestión, química y termodinámica entre otros.
En muchos casos incluso la descripción de la dieta es imprecisa y no permite conocer fácilmente los alimentos permitidos y prohibidos, así como las cantidades.
En otros casos se promulgan dietas con pérdidas de peso del todo increíbles, como algunas que aseguran pérdidas de un kilo al día.
Otra de las constantes que encontramos en la mayoría de las dietas expuestas, y sobre todo en las que hoy por hoy se expone en este tipo de “revistas de peluquería de barrio” que antes comentábamos, es la de incluír alimentos exóticos, extraños, extranjeros y/o poco conocidos…
Por algún motivo, a la inmensa mayoría de los que pretenden adelgazar les resulta interesante y tanto más atractiva la dieta cuanto más exótico sea el alimento en cuestión. Por ejemplo, dietas con semillas de sésamo o lino, con levadura de cerveza, lecitina de soja…
Así, se me ocurre que podríamos poner de moda la dieta del jengibre, de lichi, de la guayaba, de la trufa… Cosa que evidentemente no haremos. Y si además a ellas añadiéramos cosas más absurdas y exóticas como salsa de brócoli, o acompañarlas con una teja de almendra amarga con chirimoya confitada y lecho de mostaza inglesa caramelizada…
No nos engañemos, y dejemos la alta cocina para los profesionales.
Que no por ser más exótico, elaborado o caro es mejor para nuestro cuerpo, y sobre todo para el tema que nos ocupa, que no es otro que adelgazar, independientemente de lo sabroso que encontremos el plato en cuestión.

Y así, podíamos hablar de la dieta depurativa del sirope de savia, del vinagre, del pomelo o del limón.
Por cierto que a éste último se le atribuyen cualidades “comegrasa”... justo desde que a una marca de lavavajillas se le ocurrió introducirlo en su fórmula.
Igual de inefectiva es la capacidad “comegrasa” en el producto lavavajillas como en el cuerpo humano. No me sorprendería encontrar pronto una dieta similar a las pastillas de detergente en la que la parte azul quite el apetito, mientras que la parte blanca deje tu estómago limpio y la bolita roja te haga defecar lo ingerido.

Es curioso el efecto atractivo que produce en el consumidor la adición al nombre del producto de términos como micro, poli, oxi, pro, mega, etc.
etc. Y quizá sea esta terminología que al profano puede parecer científica, la que hace que se utilicen en productos de belleza, higiene, limpieza…y por extensión a las dietas.

Es un viejo truco publicitario basado en “Oír campanas pero no saber dónde”.
Las marcas comerciales utilizan esta estrategia para hacer parecer a sus productos y fórmulas más científicos, sólo porque saben que al consumidor final le resulta “científico” el término. Por supuesto, no utilizarían nunca términos que siendo también científicos, no suenan a la población general, como pico, nano, femto u otros. Ninguna empresa apostaría por un producto con femtoemulsiones de vinagre. Aunque hoy por hoy… nada me sorprendería.

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